Conrado Padilla – Director General de SENTTIX
MITO 1 “EL CUERPO SE ACOSTUMBRA A DORMIR MAL”
Es verdad que el cuerpo tiene una gran capacidad de adaptación, ya que puede aguantar años sobre una superficie que no reparte bien la presión, en un colchón que da calor o en una cama que ya no acompaña como debería. Pero adaptarse no significa descansar.
Muchas personas normalizan levantarse cansadas porque piensan que es lo habitual, que forma parte del ritmo de vida o que “ya no se duerme como antes”. Sin embargo, cuando mejoran su sistema de descanso, muchas descubren algo muy sencillo: no sabían lo mal que estaban durmiendo hasta que vuelven a dormir bien.
En tienda se ve a menudo. Personas que llegan con molestias, con despertares frecuentes o con la sensación de no recuperar. Y, cuando encuentran una solución adecuada, no hablan solo de dormir más horas, sino también de levantarse mejor y de empezar el día con otra energía.
Entonces, dormir mal no debería ser normal aunque lo hayamos normalizado.
MITO 2 “CUALQUIER COLCHÓN CÓMODO SIRVE”
Un colchón puede parecer cómodo durante cinco minutos o incluso durante quince. Pero la pregunta importante es otra: ¿cómo responde después de siete u ocho horas?
El descanso no depende solo de una primera sensación agradable, sino que depende de cómo trabaja el cuerpo durante toda la noche: la alineación de la columna, la distribución de la presión, la regulación de la temperatura, la facilidad para cambiar de postura y la estabilidad.
Por eso no me gusta reducir un colchón a “duro” o “blando”. Es una forma demasiado simple de hablar de algo mucho más importante.
Cada persona necesita una respuesta distinta. No descansa igual alguien muy activo físicamente que una persona con molestias lumbares. No necesita lo mismo una persona joven que alguien de más edad. Tampoco descansa igual quien pasa calor por la noche que quien busca una acogida más suave.
Aquí el asesoramiento marca la diferencia. Comprar un colchón solo por una sensación rápida puede llevarnos a equivocarnos. Dormir bien requiere escuchar al cuerpo, entender los hábitos y elegir con criterio.
MITO 3 “DORMIR MAL ES NORMAL CON LA EDAD”
Con los años, el sueño cambia. Eso es una realidad. Dormimos de otra manera, hay más despertares y puede reducirse el sueño profundo. Pero una cosa es que el sueño cambie y otra muy distinta es aceptar que dormir mal sea inevitable.
Muchas personas siguen descansando durante décadas sobre el mismo tipo de colchón, aunque su cuerpo haya cambiado por completo. Cambian la espalda, el peso, la sensibilidad térmica, la movilidad, los hábitos y también las necesidades de recuperación. Es decir, un sistema de descanso que funcionaba hace veinte años puede no ser el adecuado hoy.
Por eso es importante revisar nuestro descanso en cada etapa de la vida. Igual que revisamos la alimentación, la actividad física o la salud, deberíamos prestar atención al lugar donde pasamos tantas horas cada noche.
La edad cambia nuestras necesidades y el descanso debería cambiar con nosotros.
MITO 4 “EL DESCANSO EMPIEZA CUANDO TE ACUESTAS”
Ojalá fuera tan sencillo, pero el descanso empieza mucho antes de entrar en la cama.
Empieza con la luz que recibimos durante el día, con el ritmo de trabajo, con la cena, con el uso del móvil por la noche, con la temperatura del dormitorio y con el nivel de activación mental con el que llegamos al final del día.
Muchas personas llegan agotadas a la noche y, aun así, no descansan bien. Eso ocurre porque el cansancio físico no siempre garantiza un sueño profundo. Sino que a veces el cuerpo está cansado pero la cabeza sigue encendida.
Por eso el dormitorio debe ser un espacio que invite a bajar el ritmo. Un lugar tranquilo, ordenado, cómodo y sin ruido visual. Es decir, un espacio pensado para recuperar. En Senttix creemos mucho en esa idea: el dormitorio es el lugar donde el cuerpo se repara y donde empieza, de verdad, el día siguiente.
No descansamos solo cuando cerramos los ojos, sino que empezamos a descansar cuando ayudamos al cuerpo a prepararse para dormir.
MITO 5 “LA TECNOLOGÍA MEJORA EL DESCANSO”
Vivimos rodeados de datos. Relojes inteligentes, aplicaciones, gráficas de sueño profundo, puntuaciones de descanso… Y aunque pueden ser herramientas útiles, también pueden llevarnos a algo peligroso: obsesionarnos con dormir perfecto.
El descanso no debería convertirse en una competición contra una pantalla, porque a veces miramos más el reloj que nuestro propio cuerpo. Nos despertamos y, antes de preguntarnos cómo nos sentimos, buscamos qué dice una aplicación sobre nuestra noche.
La tecnología puede acompañar, pero no sustituye lo esencial: una buena rutina, un dormitorio tranquilo, una cama adecuada, oscuridad, silencio y la capacidad de escuchar nuestras propias sensaciones.
VOLVER A DORMIR BIEN ES VOLVER A ESCUCHARNOS
«Creo que el gran reto del descanso es dejar de ver el sueño como algo secundario, porque dormir bien influye en cómo pensamos, cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y cómo afrontamos cada día. Es una cuestión de bienestar.
Por eso conviene dejar atrás estos mitos sobre el descanso. No para obsesionarnos con dormir perfecto, sino para prestar más atención a lo que el cuerpo nos está diciendo.» concluye Conrado.






