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El sueño (y las funciones del sueño) siempre ha sido un tema que ha sobrecogido a los investigadores. Seguramente por ser algo tan común en las personas y suceder fuera de un estado de consciencia. En contraposición a lo que podríamos pensar, cuando se concluyó que el centro de atención del sueño se encontraba en el cerebro, las incógnitas no hicieron más que crecer.

Ahora sabemos que el sueño es un proceso fisiológico de vital importancia para la salud integral de los seres humanos. Aunque todas las especies reconocen fases de una disminución de la actividad, las características, la duración y las funciones del sueño son muy diferentes entre especies y, especialmente, para las personas.

  1. Restablecimiento o conservación de la energía

Cuando dormimos nuestro organismo gasta menos energía, lo que le sirve o bien para reestablecer los niveles de energía para el día siguiente, o bien para conservar los que ya tenemos. En consecuencia, podemos reconocer varios efectos notables mientras dormimos como una disminución de la presión arterial, de la tasa cardiaca, del ritmo respiratorio, del tono muscular, de la temperatura corporal, etc.

  1. Eliminación de radicales libres acumulados durante el día

Nuestro cerebro también produce residuos que deben ser eliminados para garantizar la supervivencia del ser humano, y lo hace a través del sueño. Se ha demostrado que hay una gran actividad cerebral en determinadas fases del sueño que se utiliza para limpiar el cerebro de tóxicos generados durante el día y que, según se ha demostrado, son responsables de la aparición de varios trastornos neurológicos.

  1. Regulación y restauración de la actividad eléctrica cortical

El sueño permite la protección y la restauración del cerebro para contrarrestar el desgaste ocurrido durante el día. Es decir, el sueño previene a los individuos de daños cerebrales mediante la conservación de la integridad celular y su supervivencia.

  1. Regulación metabólica y endocrina

Diferentes estudios han demostrado cómo las distintas fases del sueño influyen en la secreción de hormonas como la insulina, el glucogón, la leptina, la grelina, (de las que ya hemos comentado su importancia en la aparición o inhibición del apetito), etc. Por otro lado, el sueño prepara nuestro sistema metabólico de forma que, nada más despertarnos, podamos hacer frente a una elevada actividad física y metal.

  1. Homeostasis sináptica

Según esta teoría, el sueño serviría al cerebro para garantizar el mantenimiento de las neuronas. Con el fin de ahorrar energía y mantener la capacidad que tienen nuestras neuronas para responder a estímulos durante el estado de vigilia, nuestras conexiones neuronales se debilitan. Este proceso permitiría el reajuste de las sinapsis y evitaría una excesiva excitación neuronal. En resumen, durante el sueño nuestras sinapsis pueden llegar a encogerse hasta un 80% para ahorra energía y colaborar en la formación de la memoria.

  1. Activación inmunológica

El ciclo sueño-vigilia tiene una fuerte relación con el sistema inmunológico. Se ha demostrado que un sueño de calidad mejora la defensa inmunológica mediante mecanismos entre los que podríamos destacar la mejora de la memoria y el desarrollo de funciones inmunológicas y antiinflamatorias. Por otro lado, podemos reconocer una serie de procesos que tienen lugar durante el sueño como la activación inmunológica, la síntesis de proteínas, la proliferación celular, el suministro de energía y los cambios hormonales.

  1. Consolidación de la memoria

Uno de los hallazgos más importante que se han hecho sobre el sueño es su papel en la consolidación de la memoria. Mientras dormimos, nuestro cerebro procesa toda la información obtenida a lo largo del día. Por eso, juega un papel tan importante en las fases de crecimiento y en muchos de los fenómenos de plasticidad cerebral.

guía del buen dormir